Canino nos llegaba desde Grecia previa parada por Cannes y Sitges. El laureado filme es una de esas cintas que no es posible catalogar fácilmente. Los que hayan tenido la oportunidad de verla sabrán a qué me refiero. En tal caso, una mente perturbada y enfermiza ha dado a luz una historia tremendamente original e impredecible en la que tres jóvenes, aislados de la realidad por sus progenitores exploran los peligros y sorpresas del mito de la caverna de Platón. Poco más puede contarse de esta película sin evitar descubrir algún aspecto de ella, pues uno de los principales objetivos es la sorpresa. Actores soberbios y una hipnótica dirección con un pulso de hierro para un filme inclasificable y que dará mucho que hablar.
La clausura ha corrido a cargo del nuevo Halloween de Rob Zombie que, si bien en su primera parte aburría a las ovejas, no ha querido defraudar en esta segunda y vuelve a ahondar en el tedio, el sinsentido y la gratuidad mal entendida. Historia facilona e inútil que sirve como excusa barata para concatenar escenas de aparatosas muertes que quedan en ridículo frente a otras muestras del género (en esta misma muestra, incluso). Un filme plagado de personajes sin rumbo para una sangría (que no lo es tanto) con un giro final que se ve venir desde el principio. Tremendamente prescindible.
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