Si el universo Oscar ha visto pasar a una actriz con poca fortuna esa ha sido Deborah Kerr, la inolvidable pelirroja que no pudo alzarse con el Oscar en ninguna de las 6 ocasiones en las que fue candidata. La escocesa fue candidata siempre en la categoría de mejor actriz protagonista pero la mítica escocesa fallecida el año pasado nunca pudo alzarse con el triunfo.
Deborah Kerr me recuerda mucho a dos actrices de la actualidad. Extraordinarias actrices cotidianas, que no tienen aura de estrella, y tal vez es esa normalidad que imprimen a sus personajes la que dificulta que logren convencer mayoritariamente a una Academia que se suele quedar anodada con interpretaciones más extremas. Kate Winslet (5 nominaciones) y Laura Linney (3 nominaciones) siguen el ejemplo de la Kerr. Actrices solventes, que siempre están bien, sin las que se entendería el cine de su época, pero que no logran el beneplacito de la Academia.
Deborah Kerr fue candidata por primera vez en 1950 por Edward, mi hijo de George Cukor. Una jovencísima actriz de 29 años no pudo hacer nada con Olivia de Havilland que se impuso por La heredera. La segunda nominación le recaería en 1954 en la que era protagonista de De aquí a la eternidad. Allí con Burt Lancaster era azotada por las olas de la playa en una escena mítica. Aunque la película consiguió la estatuilla al mejor film, la Kerr vio como la candorosa Audrey Hepburn recibía el único Oscar de su carrera por Vacaciones en Roma.
El rey y yo en 1957, Sólo Dios lo sabe en 1958, Mesas separadas en 1959 y Tres vidas errantes en 1961 son estupendos papeles de la carrera de Deborah que también le acercaron a la gloria de los Oscar. Siempre había alguien mejor, una interpretación relevante, curiosa, con un gran cambio de registro, pero la Academia no reparó en el buen hacer, en la sencillez y en la regularidad de la carrera de Deborah Kerr.
Seguramente, y siendo objetivos, Kerr tuvo mala fortuna y siempre se encontró en el camino a alguien con una interpretación superar, pero no deja de sorprender como determinadas actrices fundamentales para entender una parte de la historia del cine (en el caso de Kerr la década de los 50) ven como la suerte de los Oscar les es esquiva.
En 1994 la Academia saldó la deuda con un Oscar honorífico que convertía a la actriz en una de las pocas mujeres en recibir el Oscar homenaje. Viéndola en escenas como esta uno siempre piensa como la Academia nunca cayó a sus encantos...
Por cambio de registro espectacular no sería, Nacho. En "De aquí a la eternidad" era una desgarrada, amargada y muy sexual y ardiente adúltera despechada; en Sólo Dios lo sabe, una ingeniosa e incisiva monjita. Y en "Mesas separadas", una impresionante vírgen tímida y reprimida por una asfixiante madre. Parecían mujeres totalmente distintas. Literalmente: no parecía la misma persona.
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